Es que,¿no lo ves?
Está pasando el tiempo, un segundo,ahora otro,.. y sigo sin encontrarte.
La pregunta ya no es "¿dónde estás?" no,.. es ¿por qué no apareces?
¿Estás escondida? ...
A menudo me dicen eso de que la espera trae recompensas,... pero, ¿merece la pena esperar? Porque,.. no te veo, no llegas,y yo sigo esperando a algo o a alguien que realmente no sé ni lo qué es.
Puede que cada día te vea, que hable contigo y que aún no me haya dado cuenta de que eres tú, o puede ser que nunca te haya visto,y el destino me tiene guardado un encuentro dónde aparezcas...
Sólo se que está llegando el invierno,el frío,las noches de lluvia que prosiguen con amaneceres nublados,las tardes de quedarte encerrado en casa, en tu cuarto, con música y escuchando como gotas se estampan contra tu ventana, mientras tú,sigues sin aparecer, mientras yo, sigo sin encontrarte.
Mira, todo es relativo,... pero me gustaría que me dedicases una sonrisa, que me dedicases una mirada con la que pueda decir, es ella, eres tú, o que me dieses momentos a tu lados,momentos que cuando pasan,aunque sólo hayan ocurrido hace apenas unos segundos, ya quieres repetirlos otra vez,.. ¿Sabes de lo que hablo? ¿Sí? Quizás seas tú entonces.
domingo, 2 de octubre de 2011
viernes, 16 de septiembre de 2011
.
…
Antes de que tires la carta sin apenas leer esta primera línea, me gustaría pedirte que continúes leyendo…
Me ha costado mucho encontrar el valor para escribirte, créeme, y creía que sería más fácil de lo que ahora mismo me está pareciendo.
Quizás ya la hayas tirado, pero seguiré escribiendo,por si cabe esa posibilidad de que aún permanezcas con este papel que te has encontrado en el bolsillo de tu chaleco negro, que te sienta tan bien.
No pienses que soy ningún loco ni nada por el estilo, tan sólo soy ese chico de ojos marrones con tonos verdes, que se cruza contigo cada día, a las tres, después de clase, y que sigue fijándose en ti, cada día, intentando parar esos pequeños segundos que tardas en pasar la parada del autobús, dejando ese olor a coco, que se queda conmigo hasta que llego a casa…
La primera vez que te vi, que te cruzaste conmigo, me miraste, y cuando tu mirada se cruzó con la mia bajaste la cabeza, rápidamente. Soy de esos que no creen en eso del amor a primera vista, y lo que sentí aquella vez no fue exactamente amor, pero fue algo, pasó rápido, pero permaneció conmigo, como lo hace tu olor a coco, haciendo pensar en ello y perdiéndome en ese instante, aunque fuese en una décima de segundo.
Bueno, tampoco pretendo aburrirte, contando esto que quizás, ni te importe, pero quería que supieras, que consigues despertar en mi un sentimiento, que nadie l había hecho jamás, y ni siquiera he escuchado tu voz. Como dije antes, no es amor, pero es algo, y eso es suficiente.
Seguramente estarás llegando a casa, leyendo esto, o estas líneas estarán descansando en la papelera más cercana que te hayas encontrado, no obstante, mañana, cuando vuelvas a pasar por la parada, seguiré estando ahí, esperando a que ocurra, a que llegue ese segundo, esos segundos donde te veo aparecer, y te cruzas conmigo, tan bonita como siempre.
Si decides buscarme con la mirada, la mia estará pendiente de encontrarse con la tuya, de lo demás, que se encargue el destino, o lo que sea que hizo que cada día, te cruces conmigo…
Attm: El chico de la parada.
sábado, 3 de septiembre de 2011
¿Dónde estás?
Estoy cansado de llegar a mi cuarto, tumbarme, y abrazarme a nada, a un hueco de aire que se forma a mi alrededor. De pegarme a la pared, intentando tocar algo que no sea eso, aire. De poner la almohada vertical y abrazarla pensando en esa persona que debería estar en su lugar.
Veo, pienso,... Necesito tardes contigo, donde de igual todo, que sólo el estar juntos importe. De hacernos fotos, de hacer tonterías, de picarte y que tú me piques a mi, de ponerte celosa y que tú te pongas celosa también, tardes, eh, como decirlo,... Tardes que cuando llegas a casa las rebobinas en tu mente y sonríes al hacerlo.
Necesito estar contigo, aunque sea haciendo nada, pero que estés cerca, que me cuentes tus cosas, que me escuches, que me aconsejes y me hagas reír cada día más. Que cuando te llame escuche tu voz detrás del altavoz, no ese estúpido mensaje de apagado o fuera de cobertura.
Que te pongas mi camiseta, y te quede enorme y te rías al verte en el espejo, y yo te abrace por detrás y te diga que te queda muy bien... No sé, cosas, momentos, sensaciones, llámalo como quieras, el nombre es lo de menos.
Que me des la mano y me mires con una sonrisa, con tu sonrisa, que vayamos al fin del mundo, que hagamos un viaje, aunque sea a cien metros de distancia de donde estemos, pero ese será nuestro viaje.
Pero, ¿Dónde estás?¿ Existes, de verdad? ¿Estás ahí, eres capaz de hacer todo esto? No lo sé, no lo puedo saber, no sé ni si eres la persona en la que estoy pensando, no sé nada nada más, sólo que antes de ayer, ayer, hoy, y seguramente mañana seguiré tumbándome en la cama, y diciéndome: ¿Dónde estás?
Veo, pienso,... Necesito tardes contigo, donde de igual todo, que sólo el estar juntos importe. De hacernos fotos, de hacer tonterías, de picarte y que tú me piques a mi, de ponerte celosa y que tú te pongas celosa también, tardes, eh, como decirlo,... Tardes que cuando llegas a casa las rebobinas en tu mente y sonríes al hacerlo.
Necesito estar contigo, aunque sea haciendo nada, pero que estés cerca, que me cuentes tus cosas, que me escuches, que me aconsejes y me hagas reír cada día más. Que cuando te llame escuche tu voz detrás del altavoz, no ese estúpido mensaje de apagado o fuera de cobertura.
Que te pongas mi camiseta, y te quede enorme y te rías al verte en el espejo, y yo te abrace por detrás y te diga que te queda muy bien... No sé, cosas, momentos, sensaciones, llámalo como quieras, el nombre es lo de menos.
Que me des la mano y me mires con una sonrisa, con tu sonrisa, que vayamos al fin del mundo, que hagamos un viaje, aunque sea a cien metros de distancia de donde estemos, pero ese será nuestro viaje.
Pero, ¿Dónde estás?¿ Existes, de verdad? ¿Estás ahí, eres capaz de hacer todo esto? No lo sé, no lo puedo saber, no sé ni si eres la persona en la que estoy pensando, no sé nada nada más, sólo que antes de ayer, ayer, hoy, y seguramente mañana seguiré tumbándome en la cama, y diciéndome: ¿Dónde estás?
sábado, 20 de agosto de 2011
El amor, como un yoghurt.
Una vez pensando decidí comparar el amor, con un yoghurt.
El amor, es como los yoghures; Tiene un envase. Ese envase es de plástico fino, ya que es muy fácil de traspasar y de romper, aunque mientras nadie se esfuerce en hacerlo, seguirá cerrado. Dentro de ese envase, permanece la esencia, el yoghurt. Hasta que nadie lo abra, nadie se dará cuenta de cómo es. Puede ser blanco, cremoso, casi siempre igual, aunque de la persona que lo abra depende también de que a ese yoghurt le echen azúcar, o se lo coman, dejándo el envase vacío, como cuando nos dejan sin sentimientos. Realmente tú no eliges quien va a abrir ese yoghurt. Cuando menos te lo esperas, aparece. Entonces, puede que lo tome con delicadeza, o lo utilice bruscamente. Puede que tenga cuidado, y abra ese frágil papel lentamente. Que utilice una cuchara, y que lo mueva con delicadeza, sin llegar a revolverlo todo. Puede ser que cargue la cuchara al máximo, y que se esfuerce por reservar todo el yoghurt, para toda la vida, quitando toda fecha de caducidad...
Pero también puede ocurrir lo opuesto. Puede que coja ese yoghurt con fuerza, que lo apriete entre sus manos, dejando sin aire al contenido. Puede que rompa ese papel que lo envuelve, y no utilice ni cuchara. Que mueva el yoghurt hasta hacerlo completamente líquido, y se lo beba de un trago, arrugando el envase y tirándolo a la basura, sin importarle nada.
Cuando esto pasa, ese yoghurt que en un principio permanecía cerrado, esperando a esa persona que lo abriese como en el primer caso, se sienta mal, que sienta dolor, rabia, que le duela por dentro... Puede que jure no volver a dejarse abrir, o puede colocarse en aquella bandeja del frigo que nadie mira, para no ser vista, y así, que no le hagan daño.
Le pueden pasar tantas cosas a ese yoghurt,... Y la cuestión es que todo depende de esa persona, que abre el frigorífico, y se fija en él, el yoghurt no tiene culpa de no poder elegir quien lo escoge, el yoghurt no tiene culpa, al igual que el amor tampoco, cuando alguien aparece y nos roba nuestro interior, sin pedirnos permiso,... Cuando nos damos cuenta de que esa persona no es la correcta ya es tarde, y quizás aquel yoghurt, ya está reposando en algún cubo de basura, con el resto de yoghures en la misma situación.
La próxima vez que abras el frigorífico, una tarde aburrido, con ganas de picar algo... y veás ese yoghurt, piensa si realmente merece la pena cogerlo y abrirlo, vaciándolo, porque simplemente te ha entrado un antojo, o porque realmente, quieres que ese yoghurt, dure para siempre.
El amor, es como los yoghures; Tiene un envase. Ese envase es de plástico fino, ya que es muy fácil de traspasar y de romper, aunque mientras nadie se esfuerce en hacerlo, seguirá cerrado. Dentro de ese envase, permanece la esencia, el yoghurt. Hasta que nadie lo abra, nadie se dará cuenta de cómo es. Puede ser blanco, cremoso, casi siempre igual, aunque de la persona que lo abra depende también de que a ese yoghurt le echen azúcar, o se lo coman, dejándo el envase vacío, como cuando nos dejan sin sentimientos. Realmente tú no eliges quien va a abrir ese yoghurt. Cuando menos te lo esperas, aparece. Entonces, puede que lo tome con delicadeza, o lo utilice bruscamente. Puede que tenga cuidado, y abra ese frágil papel lentamente. Que utilice una cuchara, y que lo mueva con delicadeza, sin llegar a revolverlo todo. Puede ser que cargue la cuchara al máximo, y que se esfuerce por reservar todo el yoghurt, para toda la vida, quitando toda fecha de caducidad...
Pero también puede ocurrir lo opuesto. Puede que coja ese yoghurt con fuerza, que lo apriete entre sus manos, dejando sin aire al contenido. Puede que rompa ese papel que lo envuelve, y no utilice ni cuchara. Que mueva el yoghurt hasta hacerlo completamente líquido, y se lo beba de un trago, arrugando el envase y tirándolo a la basura, sin importarle nada.
Cuando esto pasa, ese yoghurt que en un principio permanecía cerrado, esperando a esa persona que lo abriese como en el primer caso, se sienta mal, que sienta dolor, rabia, que le duela por dentro... Puede que jure no volver a dejarse abrir, o puede colocarse en aquella bandeja del frigo que nadie mira, para no ser vista, y así, que no le hagan daño.
Le pueden pasar tantas cosas a ese yoghurt,... Y la cuestión es que todo depende de esa persona, que abre el frigorífico, y se fija en él, el yoghurt no tiene culpa de no poder elegir quien lo escoge, el yoghurt no tiene culpa, al igual que el amor tampoco, cuando alguien aparece y nos roba nuestro interior, sin pedirnos permiso,... Cuando nos damos cuenta de que esa persona no es la correcta ya es tarde, y quizás aquel yoghurt, ya está reposando en algún cubo de basura, con el resto de yoghures en la misma situación.
La próxima vez que abras el frigorífico, una tarde aburrido, con ganas de picar algo... y veás ese yoghurt, piensa si realmente merece la pena cogerlo y abrirlo, vaciándolo, porque simplemente te ha entrado un antojo, o porque realmente, quieres que ese yoghurt, dure para siempre.
miércoles, 10 de agosto de 2011
Un día con ella
¿Has pensado alguna vez, lo que sería un día junto a esa persona a la que quieres? Estoy seguro de que sí.
Te despertarías, y no verías un hueco vacío a tu lado, la verías a ella. Quizás, aún dormida. Sonreirías al verla, y tu cara mostraría mucha ternura. La abrazarías por última vez antes de despertarte, y te quedaría con aquel momento unos minutos más. Decidirías por levantarte, con cuidado, para no despertarla, e irías a ducharte, vestirte, afeitarte,.. lo que tuvieses que hacer.
Quizás, estarías saliendo de la ducha, enrollado en la toalla cuando ella abriese los ojos. Tú le darías los buenos días con una gran sonrisa, y ella te respondería de igual manera. Te vestirías e irías a desayunar. Un zumo de naranja y una tostada, o un café. Esperarías a que ella bajase para tomároslo juntos. Al acabar os iríais a trabajar. La llevarías en coche, y la recogerías a la hora de comer.
¿Un chino? No, hoy no apetece un chino. Quizás a un restaurante de pasta, o al bar de ese amigo que te pone una tapa enorme junto a una caña. almorzaríais y volveríais a casa. Una siesta corta, y de pie de nuevo.
Ver la tele, escuchar música, salir, tener la tarde libre. Ese día no te importaba nada de lo que no hicieses con ella. Ese día, ese día que ahora mismo fluye en tu imaginación, va a ser tal y como tú lo desees, sin realismo, a veces, es bueno soñar, pensar cosas que quizás sabes que no van a salir tal y como lo deseas. Mirarla como la primera vez, besarla como la última, o cogerla de la mano sabiendo que no se va a alejar de ti, aquella tarde es vuestra, de los dos. Hazla reír, que se ría, que disfrute, que sea inolvidable ese momento, por tonto que sea. Llévala al cine, al atardecer, a aquel rincón perdido, a dónde quiera, donde el tiempo se quede parado por un momento.
Después, vuelve a casa. Una barbacoa con los amigos, o simplemente, descansar. Sentarte, quitarte los zapatos, hacer cualquier tontería y quedarse en la tele, viendo una de esas series con capítulos repetidos que echan por las noches, ya sabes que ocurre pero da igual, no importa, estás con ella, haz unas palomitas, y coge dos bebidas. Cuando no os apetezca estar ahí, sal al patio, y mirad las estrellas. Esa noche estarán preciosas, aunque quizás la más bonita es la que esté justo a tu lado. Sí, ponte romántico, ésto está pasando en tu cabeza, y nadie te va a acusar de ñoña, o bobo. Montar historias en tu cabeza es gratis.
Bésala con la brisa de la noche, o tírala a la piscina cuando menos se lo espere. Después volvéis a vuestra habitación, dejáis la ventana abierta, para que el olor a mar entre por ella, y te acuestas, tal y como te despertaste abrazándola.
Te despertarías, y no verías un hueco vacío a tu lado, la verías a ella. Quizás, aún dormida. Sonreirías al verla, y tu cara mostraría mucha ternura. La abrazarías por última vez antes de despertarte, y te quedaría con aquel momento unos minutos más. Decidirías por levantarte, con cuidado, para no despertarla, e irías a ducharte, vestirte, afeitarte,.. lo que tuvieses que hacer.
Quizás, estarías saliendo de la ducha, enrollado en la toalla cuando ella abriese los ojos. Tú le darías los buenos días con una gran sonrisa, y ella te respondería de igual manera. Te vestirías e irías a desayunar. Un zumo de naranja y una tostada, o un café. Esperarías a que ella bajase para tomároslo juntos. Al acabar os iríais a trabajar. La llevarías en coche, y la recogerías a la hora de comer.
¿Un chino? No, hoy no apetece un chino. Quizás a un restaurante de pasta, o al bar de ese amigo que te pone una tapa enorme junto a una caña. almorzaríais y volveríais a casa. Una siesta corta, y de pie de nuevo.
Ver la tele, escuchar música, salir, tener la tarde libre. Ese día no te importaba nada de lo que no hicieses con ella. Ese día, ese día que ahora mismo fluye en tu imaginación, va a ser tal y como tú lo desees, sin realismo, a veces, es bueno soñar, pensar cosas que quizás sabes que no van a salir tal y como lo deseas. Mirarla como la primera vez, besarla como la última, o cogerla de la mano sabiendo que no se va a alejar de ti, aquella tarde es vuestra, de los dos. Hazla reír, que se ría, que disfrute, que sea inolvidable ese momento, por tonto que sea. Llévala al cine, al atardecer, a aquel rincón perdido, a dónde quiera, donde el tiempo se quede parado por un momento.
Después, vuelve a casa. Una barbacoa con los amigos, o simplemente, descansar. Sentarte, quitarte los zapatos, hacer cualquier tontería y quedarse en la tele, viendo una de esas series con capítulos repetidos que echan por las noches, ya sabes que ocurre pero da igual, no importa, estás con ella, haz unas palomitas, y coge dos bebidas. Cuando no os apetezca estar ahí, sal al patio, y mirad las estrellas. Esa noche estarán preciosas, aunque quizás la más bonita es la que esté justo a tu lado. Sí, ponte romántico, ésto está pasando en tu cabeza, y nadie te va a acusar de ñoña, o bobo. Montar historias en tu cabeza es gratis.
Bésala con la brisa de la noche, o tírala a la piscina cuando menos se lo espere. Después volvéis a vuestra habitación, dejáis la ventana abierta, para que el olor a mar entre por ella, y te acuestas, tal y como te despertaste abrazándola.
martes, 9 de agosto de 2011
No lo sabes.
Porque no, no lo sabes. No sabes, no tienes ni la remota idea de esa historia que tenemos, que tengo guardada en mi cabeza. Porque es mirarte mientras haces cualquier cosa tonta, es ver mi mirada reflejada en la tuya, es quedarme como un tonto mirándote mientras te ríes por todo. Por el mundo en el que tú me besas, me esperas, en el que tú estas conmigo, por ese mundo que duerme en mi cabeza, merece la pena todo esto.
lunes, 11 de julio de 2011
Miedo.
- El miedo o temor es una emoción caracterizada por un intenso sentimiento habitualmente desagradable, provocado por la percepción de un peligro, real o supuesto, presente, futuro, pasado....
Pues bien, tengo miedo.
Pero aveces, el miedo no es el típico que queda tras ver un película de terror, o el de notar alguien cerca por la noche que no sabes quién es, o el de... No. A veces, el miedo, es por algo a lo que, le pones todas tus ilusiones, y te da miedo que se debilite, vaya mal, se olvide, se rompa. Sí, porque no entiendes muchas cosas, muy pocas, y a lo mejor ella lo ve de una manera distinta, a lo mejor tienes otra idea. Porque ¿Qué es lo qué pasa? ¿Qué es eso que va mal?
No sé, pero hay un miedo, distinto, que te entra a que las cosas salgan mal. No temes por nada más que por tus sentimientos, pero es que, resulta, que ese nada más, lo sentimientos, son los que te hacen que el miedo aumente. Y piensas, y te comes la cabeza, y claro, estás lejos, no puedes hacer nada, y justo por eso, te entra impotencia; ¿Qué puedes hacer?
Tienes miedo, y hasta se pasa mal, e intentas olvidarte y no pensar; Y sí, lo consigues, pero al rato otra vez, y te hartas, y en un momento pasas de todo, y al siguiente todo te importa. Te pones en diez mil situaciones, que si esto, que si lo otro, que si ha podido pasar aquello, con tal persona, en tal sitio... Y algo dentro de ti se enciende y te susurra, confía, sólo confía, y sonríes desganado; Ya lo hago, te respondes a ti mismo, pero por eso, si confío, ¿Por qué sigo teniendo miedo? ¿Por qué sigo viendo cosas de las que puedo montarme ochocientas películas, y ninguna buena?
Shh, confía, confía,...
¡Pero que ya confío joder! Pero no es cuestión de confianza, y menos por ella, es por los demás, por situaciones, por errores, por cosas que pueden pasar. Y sí estoy de acuerdo, yo también puedo sufrir alguna de esas situaciones, pero parece que es distinto, no sé... confío en mi.
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